Recogiendo semillas y remembranzas dendrológicas
Recogiendo semillas y remembranzas dendrológicas

Recogiendo semillas y remembranzas dendrológicas

Recogiendo semillas y remembranzas dendrológicas

Tiempo de lectura: 6 minutos

Una expedición a recolectar semillas en un trayecto sobre la cuenca del río Porce, en el departamento de Antioquia, abrió una puerta a mi pasado y a la evocación de inolvidables momentos como estudiante de un curso de dendrología, así como también, a esos vínculos que establecemos con maestros de antaño y con árboles especiales que marcan nuestro camino.

Las hojas brillantes por la intensa radiación y las ramas que se contorneaban delineando la copa en forma de sombrilla, sobre un diáfano cielo azul, extasiaron mi ser en tal grado, que el momento hizo de este árbol, un puente al pasado, una puerta abierta a la reminiscencia de aquellos años mozos, cuando, ávido de aprendizaje, me aventuraba con mis compañeros del curso de dendrología, queriendo conocer hasta el último árbol de aquellos parajes. Conocido como “Pategallina” o “Mano de Oso”, este árbol, perteneciente a la familia de las araliáceas, de nombre científico Didymopanax morototoni, es de ocurrencia frecuente sobre las márgenes del maltrecho río Porce, y es hoy para mí, un símbolo que rememora aquellos tiempos en los que me acerqué a la que considero cuna de la enseñanza de la Ecología y una de las escuelas más importantes de dendrología, que existen en Colombia: la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. 

El denominado río Porce es el mismo río Medellín, que luego de recibir la carga putrefacta que de manera inmisericorde depositamos los más de cuatro millones de habitantes asentados en la ciudad de Medellín y municipios aledaños, discurre entre montañas antes de vaciar sus aguas polutas al río Nechí. En esta ocasión, bajo la inclemente radiación solar que ralentiza mis pasos e impide focalizar mi atención en las copas de los árboles, me encuentro acompañado de dos apasionados viridófilos: la estudiante de Biología, Isabela Forero, y mi amigo y colega de docencia, Arturo Aristizabal, explorando reductos de vegetación en busca de semillas y otros propágulos. Entre animadas y sudorosas conversaciones, urgamos con avidez entre la vegetación relictual a borde de carretera, tratando de encontrar plantas que nos provean de sus simientes.

“Pategallina” (Didymopanax morototoni) (Foto: Dino Tuberquia)
Carretera veredal, sobre la cuenca del río Porce (Foto: Dino Tuberquia)

Fue inevitable evocar mi paso por el curso mencionado, más de tres décadas atrás, y traer a mi memoria, aquellos maestros dendrólogos de los cuales recibí mucho del conocimiento que hoy entrego a mis estudiantes. La dendrología aborda el estudio de los árboles, sus atributos externos y anatómicos, su identificación taxonómica e importancia económica. Se trata de una disciplina que se imparte desde las ciencias forestales, y yo como estudioso de la flora, en los años 90, cuando era estudiante de la Universidad de Antioquia, me acerqué a la Universidad Nacional, pretendiendo beber también de esta fuente de conocimiento. Con paciencia y dedicación, estos consagrados maestros de los árboles nos mostraban las características de las hojas, las cortezas, olores, exudados, entre muchos otros atributos. Recorríamos diversos pisos térmicos, desde lo frío hasta lo cálido, reconociendo la diversidad de árboles que caracterizan cada región ecológica. ¡Era una actividad emocionante que abordé con obsesión! ¡cada árbol era una sorpresa! Me impresionaba profundamente saber todo lo que podíamos aprender sobre la flora de Colombia, recorriendo carreteras y caminos relativamente cercanos a la gran urbe. Hoy, caminando los mismos parajes, reconociendo estas especies amigas y evocando antiguos compañeros de clase, siento la misma emoción, impregnada de nostalgia.

Ya desde los años 80, había conocido también en la Universidad Nacional, a un insigne naturalista, ecólogo y maestro de los árboles, el profesor Sigifredo Espinal, pionero de la enseñanza de la Ecología en Colombia, y quien nos mostró que conocer este país, era entenderlo desde la vegetación que conforma cada región. Era yo muy joven y apenas iniciaba mis estudios universitarios, cuando conocí al maestro Espinal; visitaba su oficina con frecuencia, donde este hombre afable y sencillo, compartía con los estudiantes su conocimiento sobre los árboles. Sigifredo hablaba con emoción sobre el tema; escucharlo era emprender un viaje botánico a cada región del país ¡era inspirador! Con él supe por primera vez sobre el río Porce y su flora. Fue después de su muerte, en 2008, cuando comprendí la dimensión de su vida y obra. Un hombre sencillo, cuyo foco nunca fueron los títulos y reconocimientos, sino, entender este país desde sus plantas y regiones, y entregar este conocimiento al mundo. Hoy, mientras elaboro este escrito, ausculto en su colección de herbario número 783, guardada en el Herbario Nacional Colombiano (COL), y realizada el 1° de diciembre de 1962, en las riberas del río Porce: se trata de un espécimen de Didymopanax morototoni.

Río Porce (Foto: Dino Tuberquia)

Al caer la tarde, cuando el calor amainó y ya habíamos alcanzado nuestro propósito del día, emprendimos el regreso a Medellín. El río corre apacible y, en silencio, observo en nuestro recorrido a lo largo de una moderna autopista, cómo aparecen de forma esporádica sobre la vegetación circundante, las inconfundibles formas y arquitecturas del Pategallina, su tallo blanquecino, y sus hojas color café claro. Conmigo, además de la preciada carga de semillas, llevaba otro tesoro fruto de la recolección del día: una conversación con el pasado; con mis maestros dendrólogos; con mis entusiastas compañeros del curso; con los parajes donde alguna vez aprendía con emoción, sobre cortezas, olores y exudados; y con un árbol cuya presencia e imagen reafirmaron en mi la convicción de que mi destino y existencia, están unidos a las plantas.

Glosario

COL: acrónimo o sigla del Herbario Nacional Colombiano, el más grande de Colombia, localizado en la sede de la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá.

Propágulo: parte o porción de un organismo, del cual puede originarse un individuo completo. En plantas, por ejemplo, semillas, tallos, esporas, hojas, entre otros.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *