Lecciones de un árbol que no desapareció
Lecciones de un árbol que no desapareció

Lecciones de un árbol que no desapareció

Lecciones de un árbol que no desapareció

Lisa Benoit

Tiempo de lectura: 6 minutos

El árbol que más he anhelado conocer en mi vida; tanta emoción acumulada en un solo momento, borrando toda distracción a mi alrededor y dejándome sola en conversaciones con el árbol ancestral: Ginkgo biloba.

Desde los inicios de mi carrera, cuando recibí varios cursos botánicos, se mencionaron diversas especies de plantas, entre ellas Ginkgo biloba. Este árbol, que puede alcanzar entre 35–40 metros de alto, tiene una historia que se remonta millones de años atrás. Así como mencionó Isa en su escrito “Una ventana al pasado”, cuando nos habló de las zamias, este bello árbol también es un remanente de la era Mesozoica. Ginkgo biloba es monotípico, es decir, el único representante vivo de su categoría, en este caso del Orden Ginkgoales, que hace parte del grupo de las gimnospermas. Esto significa que, a diferencia de otras plantas, no tiene especies hermanas, ni primas, ni primos lejanos, llegando a ser un solitario en la modernidad.

Ginkgo, una especie que me enseñó a ver que incluso, en la soledad se puede encontrar compañía. Solitario, sin especies hermanas ni primas, pero gracias a los esfuerzos que se hacen por conservar esta especie ancestral, se ha sembrado por todo el mundo, especialmente en el norte de América y en Europa. Incluso en su soledad, logra resaltar en las calles de Washington D.C., en los famosos parques de Londres e incluso en mi ciudad natal, Bruselas.

Lisa con Gingko biloba (foto: Kurt Willson)

Seguramente crecí acompañada de estos gigantes ancestrales durante mi infancia; sin embargo, solo algunas plantas tomaron un espacio en mi recuerdo, excluyendo al Ginkgo.

Primero, llegó a mi vida como una palabra en una clase; luego como una hoja, regalo de mi mejor amiga que había visitado Vancouver, Canadá; después, otra hoja, esta vez de las calles de Washington, como regalo de mi pareja; y finalmente llegó como árbol en mi visita a Toronto, Canadá. Emocionada por saber que iba a conocer a esta planta que, de varias formas, había estado cerca de mí sin llegar a saciar completamente mi curiosidad.

Ginkgo es un árbol que ha visto la evolución pasar ante sus hojas; desde la llegada de los dinosaurios hasta las extinciones masivas y el inicio de nuestro linaje como especie. Los primeros escritos, que consistían en poemas y relataban la existencia de Ginkgo, se remontan al siglo XI en China, durante la dinastía Song. Más tarde, entre los siglos XIII y XIV, aparecieron más escritos en Japón bajo nombres como “pata de pato”, “durazno plateado”, “ojo blanco”, “fruta blanca” y “árbol de abuelo a nieto”. Esto probablemente indica que sus semillas eran usadas y fueron llevadas de China a Japón durante ese periodo.

Algo que ha llamado bastante mi atención es que, si usted no ha tenido el privilegio de encontrarse con este gran árbol, debe saber que los “frutos”, que de hecho no son frutos (pero luego les explico por qué), tienen un olor muy astringente y desagradable. No se sabe con exactitud por qué Ginkgo decidió llenarse de esos aromas, pero se sugiere que esto servía para atraer a sus dispersores del pasado.

Los frutos de Ginkgo no son frutos porque, como se mencionó anteriormente, Ginkgo hace parte de un linaje llamado Ginkgoales: plantas que producen semillas, pero sin flores ni frutos. En su lugar, producen estróbilos, o lo que comúnmente conocemos como piñas de Navidad. Sorprendentemente, este gran árbol decidió hacerse pasar por una angiosperma (planta que produce flores y frutos) produciendo un estróbilo muy similar a un fruto. Su similitud se debe a que, al igual que un durazno que recubre su semilla con una parte carnosa. Ginkgo presenta un estróbilo con apariencia de fruto carnoso, del cual emana un olor penetrante. Al remover esta parte carnosa, queda expuesta la esclerotesta, una capa externa alrededor de la semilla con cierta similitud a un pistacho. En culturas orientales, las semillas se han usado como alimento, ya sea sofritas, hervidas o salteadas. Y en el continente europeo utilizan extractos de las hojas como mejora del funcionamiento cognitivo.

Estróbilo medianamente inmaduro de Ginkgo biloba (foto : Lisa Benoit)

De hecho, Ginkgo ha viajado más allá de los bosques y de los platos orientales para llegar al papel y la pluma de Johann Wolfgang Goethe, poeta y científico reconocido por sus obras literarias como lo es “El Fausto”. En el año 1815, Goethe escribió un poema para Marianne von Willemer, mencionando la forma de las hojas de G. biloba.

…“¿Será este árbol extraño algún ser vivo,
que un día en dos mitades se dividiera?
¿O dos seres que tanto se comprendieron
que fundirse en un solo ser decidieran?”

…

Retomando con mi encuentro con Ginkgo; iba caminando por las calles de Toronto, inmersa en una conversación con mi pareja, cuando de repente interrumpió la charla con una mirada de expectativa y diciéndome: “Mira…”, mientras señalaba una hilera de ginkgos. Mi corazón no podía con tanta emoción, como queriéndose salir del pecho. Sin palabras, me acerqué al árbol que tanto había anhelado ver durante los últimos años. Mis ojos vidriosos no despegaban la mirada del ginkgo, que no era de gran tamaño, lo que me facilitó tocar sus hojas y tomarle algunas fotos con mi cámara análoga.

Árbol de Ginkgo tomada en cámara análoga y hojas de Ginkgo biloba (fotos: Lisa Benoit)

Luego de este bello encuentro, visitamos el campus principal de la Universidad de Toronto, donde había una gran variedad de especies (que pronto estarán reflejadas en próximos escritos), incluyendo otros individuos de Ginkgo. Había uno en particular que era muy pequeño, sin superar los dos metros de altura. Al quedarnos observándolo, se nos acercó una señora de edad avanzada con un pequeño perro blanco, preguntándonos, con un acento aparentemente ruso, si conocíamos el árbol. Al yo asentir, ella respondió inmediatamente, con una sonrisa: “Ginkgo biloba”.

Las plantas, aunque pierden a todas sus especies hermanas, como ocurrió con Ginkgo, logran reunir personas, y conversaciones. Un pequeño recordatorio de que, si no tienes a tus seres queridos cerca, siempre hay quien te llene el corazón, aunque sea una conversación con un árbol solitario.

Glosario

Esclerotesta: Estructura lignificada, es decir, de consistencia dura, que recubre la semilla

Estróbilo: Estructura que resguarda los órganos reproductores de las gimnospermas.

Referencias de interés.

Historia de Goethe y Marianne Von Villemer

https://elblogdeatticus.blogspot.com/2011/03/suleika-schubert-goethe-y-marianne-von.html

Mas datos sobre Ginkgo biloba

 Peter R. Crane (2019) An evolutionary and cultural biography of ginkgo. Plants, People, Planet,1:32–37. https://doi.org/10.1002/ppp3.7

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