A paso botánico
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“En una exploración botánica realizada en el municipio de Envigado, las plantas nos invitan a disminuir la velocidad, contemplar lo sutil y a percibir el detalle.”
El entusiasmo fue notable entre los caminantes cuando empezamos a percibir que las rubiáceas aparecían una a una, de manera constante, con sus coloridas flores y frutos. Nuestra exploración del día prometía ser fructífera y generosa, en la búsqueda de especies de esta importante familia de la flora colombiana, así como también en la observación detallada de muchas otras plantas que suelen habitar los fríos bosques que hoy estábamos visitando.

La mañana se insinuaba fría y lluviosa, pero esto no logró intimidar al grupo de diez viridófilos (amantes de las plantas), cuya motivación de emprender esta aventura botánica por las vertientes boscosas del sur oriente del Valle de Aburrá, en el municipio de Envigado, estaba enfocada principalmente en reconocer especies de la familia Rubiaceae, un grupo de plantas que incluye el Café, el Borojó, entre otras especies conocidas, que hacen parte de las más de 9.000 que conforman esta gran familia. Las rubiáceas están en todos los bosques de Colombia, desde secos hasta húmedos, y desde el nivel del mar, hasta la alta montaña. Según el libro más completo que se ha publicado sobre el inventario de plantas en nuestro país, el Catálogo de Plantas y Líquenes de Colombia, las rubiáceas están dentro de las cinco familias más representadas en la geografía nacional. Incluso, son bastante frecuentes en los jardines urbanos. Con alta certeza, nuestro botín de rubiáceas estaba asegurado.
Pero también teníamos otra meta que bien sabía yo, no íbamos a cumplir. Pretendíamos cubrir un recorrido de más de cinco kilómetros por zonas boscosas, que nos permitiría conocer y explorar otros sectores de esta vertiente montañosa. Y es que quizás casi nadie tuvo presente en el grupo, que nuestra caminada del día sería “a paso botánico”. Esto se traduce: no se avanza ni diez metros sin detenerse a realizar observaciones de plantas; ellas nos ofrecen un sinfín de detalles que sólo es posible conocer a través de la observación detallada y contemplativa. Un viridófilo fácilmente pierde la noción del tiempo en el ejercicio de observar las plantas a su alrededor, y eso fue justamente lo que sucedió esta vez; habíamos comprado el boleto para un viaje atemporal.
Es casi medio día y la llovizna se hace pertinaz, aunque intermitente. El frío arrecia, pero pareciese que la efervescencia botánica presente en el grupo lo doblegase. La niebla se despliega sobre la montaña, y cruzamos uno que otro saludo con los caminantes que van y vienen; cada quien, a su ritmo, cada quien con su propósito. En nuestro grupo, todos hablan, todos observan, todos preguntan, todos quieren saber y conocer, pues teníamos muy claro que a esta altura del viaje ya no cuenta el reloj; es a paso botánico.

A paso botánico, los viridófilos pudimos conocer el anillo de pelos finos que caracteriza a un reconocido grupo dentro de las rubiáceas; Miguel pudo entender cómo son las flores de la familia de las piperáceas; Cata se acercó a comprender mejor el mundo de las asteráceas; Isa resolvió su reto de encontrar la anhelada especie de un grupo conocido como Muehlenbeckia (Polygonaceae); Martín se confrontó con pasión a las orquídeas, y Juan pudo hacer su acostumbrada retahíla de preguntas botánicas. A paso botánico, las plantas dejan ver sus sutilezas y nos hablan al oído.

Tal vez, en la vida, debamos ir también a paso botánico. En el mundo moderno, el vértigo y la velocidad no nos permiten contemplar y disfrutar aquellas facetas que nos ayudarían a crecer y trascender. A paso botánico, las vivencias cotidianas son como caricias de los rayos tibios del sol, en una mañana fresca. A paso botánico, nada pasa desapercibido; te haces dueño de ti mismo, porque puedes ver el mundo como es.
Glosario
Flora de Colombia: Alusión al conglomerado de especies vegetales que se consideran nativas del territorio colombiano.
