Donde las nubes tocan la puerta
Casa Towá, un lugar que me llenó de emociones. Me recibió con una brisa fresca que algunos llamarían frío. Sin embargo, ese primer saludo me llevó a mis recuerdos de infancia en Europa, cuando apenas iniciaba el otoño, sintiéndome en este caso como en casa, aún sin haber entrado a esta Reserva, un sitio mágico y acogedor donde también pude reencontrarme con un árbol maravilloso.
Esta fue mi primera visita a Urrao, un municipio situado en el suroeste del departamento de Antioquia, Colombia. Es una región conformada por ecosistemas de bosques montanos húmedos, donde la neblina y el verde se entrelazan. La reserva donde se desarrolla esta historia se encuentra inmersa en uno de estos bosques, un lugar lo bastante frío como para mantener puesto un buzo grueso y disfrutar de un café con aguapanela.
Esteban Domínguez, también conocido como “Bisagra”, me invitó en el año 2024 a conocer su Reserva. A inicios del año 2025 fuimos a visitarlo con un par de amigos, desde la ciudad de Medellín. Mi viaje con las plantas empieza desde que me subo al carro. Sentada en la parte trasera, miro cómo cambia el paisaje, compuesto por flora y ocupaciones humanas. Siento brisas cálidas, húmedas, frescas, frías, lo que me lleva a quitarme y ponerme el buzo varias veces. Estas señales del clima, junto a la vegetación, me indican que estamos atravesando diversos ecosistemas.
Después de cuatro horas de ruta, con algunas paradas, llegamos a nuestro destino: Urrao. Pasamos el pueblo y seguimos por un camino destapado. El Renault Clio no parecía ser la mejor opción para esta trocha nocturna, ya que habíamos salido un poco tarde desde Medellín, llegando en la noche a la Reserva. Sin embargo, nuestra emoción no nos detuvo.
Bisagra, como buen anfitrión, nos contó un poco sobre cómo había fundado y adquirido la Reserva. Empezó explicando cómo se construyó la casa gracias a varias donaciones y cómo la habían mejorado recientemente. Las estructuras principales que la sostienen están hechas con Comino crespo, una madera fina de un árbol perteneciente a la familia Lauraceae, conocido como Aniba perutilis. Una especie en estado crítico de extinción. Su madera ha sido históricamente apreciada por su resistencia, color y aroma, lo que la convirtió en una de las favoritas para la ebanistería y la construcción. Esta alta demanda provocó su explotación intensiva, en muchos casos de forma ilegal, lo que ha reducido de manera drástica sus poblaciones naturales. Incluso, al ser un árbol difícil de encontrar, ya había tenido el privilegio de conocerlo en una práctica de etnobotánica unos años atrás. Lo que no sabía era que me la volvería a reencontrar, pero esta vez para dejarme un mensaje.
Al día siguiente, despertamos ante una mañana fría pero agradable. Se notaba que, al paso de las horas, la neblina se iba disipando. Desayunamos y luego decidimos hacer un recorrido por la reserva, ya que nuestras ganas de conocer estos nuevos bosques solo podían calmarse saliendo a caminar y a conocer.
Pasamos por varios tipos de coberturas vegetales: potrero, bosque en recuperación y un bosque más conservado. Mientras caminábamos, Bisagra nos compartía su historia de vida, que gira principalmente en torno a las orquídeas, llevándolo a ser hoy un experto en el estudio de este grupo. En un potrero que limitaba con un parche de bosque más denso, nos encontramos con un árbol de porte mediano. Un árbol que claramente tenía historias que contar. Era un comino crespo. No era muy grande, pero al acercarnos me di cuenta de que se trataba de una reiteración, es decir, desde un tocón —la parte del tronco que permanece unida a las raíces después de la tala del árbol— había rebrotado una rama que con el tiempo se volvió tallo, hasta conformar un tronco grueso. Este árbol, talado por su madera fina y dado por muerto, decidió que no era su hora de partir, y con la fuerza que le quedaba, rebrotó.
Sus hojas se movían con el viento sutil, que luego rebotaba contra mí. Me acerqué para observar cómo sus hojitas brotaban exhibiendo un color rojizo, un poco anaranjado, recordándome lo bello que puede ser volver a nacer y seguir mostrando su belleza y fuerza ante el mundo, en este caso, ante mí. Mis amigos siguieron el camino hasta adentrarse en el bosque, mientras yo seguía admirando la belleza de este fuerte Comino. No pude evitar grabar ese momento y plasmar ese recuerdo a través del lente. Esas imágenes no le rinden homenaje a lo que sentí ese día, pero al menos siempre tendré el recuerdo visual.
El resto del tiempo que estuve en la reserva me encontré con otras especies maravillosas que también tocaron mi corazón, pero especialmente esta laurácea y una palma, dejaron una huella profunda en mí. Aunque la palma es tema para otra historia. Al ver mi fascinación por el lugar y mis deseos de volver, Bisagra me hizo una invitación para regresar y me regaló tres plantas. No venían en materas, sino en bolsas de leche, lo cual me pareció tan ingenioso como gracioso. La primera era Brugmansia sanguinea, una especie de la familia del tomate, también conocida como Borrachero; y las otras dos, eran nada más y nada menos que Aniba perutilis. No solo me llevaba al Comino en el corazón, en la cámara y en mis recuerdos, sino que ahora tenía también la oportunidad de apoyar su conservación sembrándolos en otras regiones.
Esta reserva, nombrada Casa Towa, significa “neblina” en lengua Emberá. Cada madrugada, las nubes descienden hasta la tierra, llegan a la puerta de Casa Towa, y esperan pacientes a que los primeros rayos de sol las acaricien y las eleven nuevamente al cielo. Luego se van… solo para volver con ansias al amanecer siguiente. Así como ellas, yo también anhelo regresar a este lugar mágico que me tocó el corazón con su Comino crespo. Volveré, hasta reencontrarme con ellas, con esa neblina que, como yo, encontrará el camino de regreso a la puerta de Casa Towa.
Glosario
Emberá: cultura indígena, originaria de América, que habita principalmente la región Pacífica en Colombia.

Qué bueno conocer casa Towá, y hermoso el comino crespo que sobrevivió a las cenizas como el ave fénix.
Felicitaciones por llevarla para su conservación, espero pueda cuidarlo y que sus semillas repoblen en bosques donde se pueda recuperar este hermosa especie, gracias por compartir tan bella experiencia vivida, larga vida en su labor.