El pino de “Forevergreen”
Lisa Benoit
Este cortometraje no solo cuenta una historia de un pino y un oso, sino que utiliza a las plantas para hablar de perpetuidad, sacrificio y la vida del bosque.

En mis pausas activas me gusta explorar cortometrajes que se han subido a la plataforma probablemente más conocida para ver videos: YouTube. Generalmente los busco para encontrar historias sobre plantas. He encontrado varias cuentas que hablan desde la horticultura, colecciones de plantas, hasta procesos de conservación, pero historias únicas de plantas, no tanto (con excepción de los extraordinarios documentales narrados por David Attenborough o algunas producciones que ha sacado Netflix en las últimas décadas).
Por eso siento que hay un gran vacío. No en la parte educativa, sino en la posibilidad de consumir contenido amigable, sensible e interesante, donde las plantas sean realmente el personaje principal.
También me ha gustado mucho la animación. Creo que la educación y ciertos valores se pueden transmitir de manera indirecta a través del cine, especialmente cuando está dirigido a niños, ya que son una esponja para el conocimiento y la información. Tal vez por eso la animación de vida silvestre siempre me ha llamado la atención desde una edad temprana, y ha persistido hasta el día de hoy.
En ese cruce entre la carencia de historias sobre plantas y mi interés por la animación, fue que me encontré con el cortometraje “Forevergreen”. Es una historia que dice mucho desde lo visual hasta su desarrollo narrativo. Trata sobre un oso que tiene una relación con un árbol, y cómo ésta cambia con la llegada del ser humano.
Este cortometraje se sitúa en los bosques conocidos como “Redwood Forest” en la Costa Pacífica de los Estados Unidos. Redwood hace referencia a los árboles del género Sequoia que a su vez hace parte de la familia Cupressaceae, un primo de los pinos. Los creadores de la animación decidieron elegir un árbol menos imponente que las sequoias, las cuales pueden llegar a medir más de 100 metros de alto; en este caso eligen un pino.
Este ecosistema me llama mucho la atención; ¿quién no quisiera conocer esos gigantes con algunos representantes con más de tres mil años de edad? Sin embargo, en la zona tropical también contamos con árboles gigantes, y muchas otras plantas con historias por contar. Pero…¿dónde están las historias del Trópico? ¿dónde está la representación de nuestros diversos ecosistemas neotropicales? ¿dónde están las narrativas donde nuestras plantas también son protagonistas?
Apreciado lector, el cortometraje tiene una duración de 13 minutos; recomiendo verlo antes de seguir leyendo, ya que hay spoilers a continuación.
Personificación
Nosotros, como humanos, necesitamos ponerles personajes a los animales, a las plantas o incluso a los objetos, para poder sentirnos cerca de ellos. Sin esta personificación nos cuesta generar un vínculo. Necesitamos nombres, emociones compartidas, gestos que podamos reconocer.
Eso es justamente lo que hace el cortometraje, le da comportamiento humano a un pino y a un oso. Y así logra que nos acerquemos a estos personajes, especialmente al pino, que en la vida real probablemente ni le prestaríamos atención. Pero esto también me deja pensando: ¿será que personificar las plantas nos acerca a ellas, o nos aleja de lo que realmente son? ¿de lo que realmente tienen por contarnos?
Estética
Todo el cortometraje está construido con textura de madera: el ecosistema, el oso y el entorno. Me parece una decisión muy poderosa, porque te sumerge en una sensibilidad vegetal, en un mundo donde la materia misma cuenta la historia. Sin embargo, los elementos antrópicos, como la basura o el paquete de papas fritas, se mantienen fuera de esta textura. Y aquí hay un contraste muy claro, lo humano no pertenece a ese mismo lenguaje visual. Incluso los creadores del cortometraje cuentan en una entrevista que esto era algo muy intencional.
Humanos vs naturaleza
A medida que avanza la historia, el oso empieza a interactuar con lo que los humanos han dejado. Hay una satisfacción inmediata en esos objetos, pero también consecuencias. Daños que escalan hasta el punto en que su amigo, el pino, termina sacrificándose para que el oso pueda sobrevivir. La historia posiciona al ser humano como el antagonista, lo opuesto a lo natural. Esto puede leerse desde una visión clásica de la conservación, donde la estrategia es separar al ser humano del ecosistema.
Perpetuidad
Lo que más recalco de la historia es lo que ocurre después. A pesar de la pérdida, el oso logra reconectar con su amigo a través de su descendencia: una semilla. Las plantas no siempre priorizan su propia permanencia individual, sino la continuidad, la persistencia de su descendencia. Hay una forma de pensar en el más allá, en el colectivo.“Forevergreen” va más allá de contar una historia bonita entre un pino y un oso. Nos muestra que el pino no solo es un personaje, sino también, quien sostiene la vida del bosque. Incluso, con su muerte permite que la vida continúe.
Nota final:
Este escrito no busca ser una crítica directa al cortometraje, sino una reflexión a partir del mismo. Es un análisis sobre cómo se están construyendo los cortometrajes de naturaleza y las narrativas que predominan en ellos. También es una mirada personal, atravesada por mi formación como ecóloga en el Trópico, desde donde inevitablemente surgen preguntas y otras formas de contar la vida vegetal.
Glosario:
Antagonista: personaje que es opuesto o va en contra del personaje principal (protagonista)
Neotropical: zona biogeográfica que se ubica en el continente americano que abarca los ecosistemas tropicales y subtropicales.
Enlaces de interés:
El cortometraje: https://www.youtube.com/watch?v=B4EPW7JUMTM
Aca puedes ver mas información sobre la producción de la película: https://www.forevergreenfilm.com/#anchors-m76i6oi51
Entrevista de los creadores del cortometraje: https://www.youtube.com/watch?v=VNfjtVNVttM
